Francisco Narla – El Legajo

 

Para su estudio y consideración por el director del departamento, Sr. Don Rodolfo Bonilla Schiwell.

Extractos de la tesis doctoral (pendiente de calificación) presentada por Hernando Vallejo Mazo, para su evaluación por el tribunal competente, designado ad hoc por el departamento de Filología Española de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

… el objetivo era encontrar algo realmente original con respecto a la obra en la que se fundamentaba la presente tesis…

… siguiendo así con el hilo de mis investigaciones en los archivos de la Biblioteca Nacional. Trabajos, estos, que me permitieron tener acceso a interesantes documentos y legajos, algunos de ellos datados en las postrimerías del Siglo de Oro. Escritos que, a su vez, me sirvieron para profundizar en ciertos aspectos que, aun siendo conocidos, no estaban, bajo mi criterio, lo suficientemente investigados; como las rencillas entre sus autores más destacados, así como de las rivalidades implícitas. Cuestiones en muchos casos expuestas en sus obras, comentarios e, incluso, prólogos, pero que siguen sin estar completamente definidos y referenciados…

 

…El principal escollo fue que, gran parte de estos novedosos detalles, en algunos casos de muy curiosa factura, no aportaban, en realidad, nada a lo ya ampliamente descubierto y reflejado por otros expertos e investigadores. De tal modo que mi labor parecía no llevar a destino original alguno, lo que era propósito intrínseco de un trabajo como el presente.

Sin embargo, dejando atrás muchos pasos de la investigación que no sirvieron para aportar nada excepcional por lo poco insólito de los datos descubiertos, pude llegar hasta unos pliegos firmados por un tal Juan Gallo de Andrada, escribano de cámara del rey Felipe III y tasador de la obra objeto de esta tesis. Entre ellos, bastante mal conservado y adherido al reverso de otro de menor importancia, hallé un documento atribuido al propio autor de dicha novela que sí aportaba algo excepcional a esta investigación y tesis…

 

…como precedentes, por los datos y referencias que he podido reunir, tal y como se relaciona en el tercer anexo de la tesis (pág. 432), el susodicho escribano quedó encandilado de la primera parte de la obra; de la que supo al certificar y dar fe en Valladolid, dando presente de la tasa a aplicar («a veinte días del mes de diciembre de mil y seiscientos y cuatro años» como figura en las primeras páginas de la edición original)…

…De su admiración por el autor y sus páginas este escribano desarrolló un importante trabajo de seguimiento del ilustre dramaturgo, a lo que se unió una malsana curiosidad por la azarosa vida de aquél.

Así, gracias a los pliegos que dejó el escribano Juan Gallo de Andrada y, por pura casualidad, como ya he mencionado, llegó a mi poder este legajo perdido que el escribano atribuye al propio escritor (como así figura en la firma del documento)…

 

…A continuación se adjunta una transcripción de dicho manuscrito en la versión que llegó a mis manos, siguiendo una adaptación gramatical y ortográfica acorde con las últimas revisiones asimilables a la propia novela. Además, y pretendiendo preservar la integridad del texto, en el quinto anexo de la tesis (pág. 457) se acompaña un facsímile del legajo, obtenido a través de un procedimiento digital de reconocimiento de documentos. Permitiendo así una lectura directa del original.

 

 

«Desocupado lector: mirando el querer de la parca tengo, lo sé, pocos días ante mí por avenir. Y siento la necesidad de formular agora lo que no hube de formular cuando escribí la primera parte de las historias de mi tan noble caballero, confesando mi pecado antes que los saberes della me arrastren el alma.

Probablemente el de Vega, entre sus berenjenas de Toletum y gritándome invidioso, habría de decir que la falta de lucimiento e ingenio ha de ser culpa sólo de quien se suscribe. Pero no es así, pues tengo ahora yo la prez de confesar la verdad del éxito que, poco o mucho, ha venido a verme; pese a que con las penurias, la prisión y las desgracias parezca desmentirse. Aunque, precisamente bien podrían ser tantas desgracias razón misma de tal triunfo, ya que habría de ser pago lo uno por lo otro. Mas eso lo dejo yo en estas líneas a ti, lector, para juzgarelo a prima facie en tu buen entendimiento y facer.

Siempre hube de soñar yo con las letras, fuera por gracia o por defeto, mas lo cierto es que no tuve yo la bondad de servir de honra al genio. Mas habrá de empezarse por el comienzo aquello a lo que doy final ahora.

Como bien sabrá el lector fuimos presos mi hermano Rodrigo y yo a la venida de la gran batalla de la Liga Santa en Lepanto, y cinco años paselos en las celdas de Argel, librándome, eso sí, de galeote u otros trabajos de romper el espinazo, más por manco que por piedad mora. De aquellas datas la cárcel no fue lo excepcional, bien lo sé, pues hasta dos veces más anduve yo en prisión para desgracia mía. Aun siendo verdad, fe doyla, que aquellos últimos meses en el burgo de Argel fueron penuriosos y terribles, los más, habiendo fallecido el gran Don Juan de Austria y habiéndose visto mi hermano ya de vuelta en España, pago el escaso rescate dél, y quedando yo así en solitaria pena.

Mas es otro el interés de estas letras y no mis desgracias o condenas. Fue otro el disparate, uno propio de los locos de Sevilla y Córdoba que mencionara el prólogo de la segunda parte de la obra del hidalgo, que por ventura de aquel extraordinario encuentro hubo de ser del mismo artífice y del mesmo paño que la primera. Tamaño disparate que no contelo yo antes por miedo me llevasen a sanatorio como hizo el que firmó Avellaneda con mi buen hidalgo. Resultose de aquel encierro entre mugrientas paredes que, estando yo desesperanzado en aquella celda de la costa mora, una noche cualquiera de la que quisiera no acordarme, sentí en los pechos un tremor que hízome abrir los ojos. Y abriéndolos aparecióseme un demonio desos que los berberiscos llaman djinn o similar, nunca tuve yo certeza del nombre o la herencia del engendro. Lo parió una grieta entre dos piedras mohosas y al través de humo arrevoltijado se formó su cuerpo buboso. Era tal que enano de feria o trastulo, como hecho de alenha y tan amojamado que parecía sino hecho de carne de momia. Con cuernos entre los que sostenía un bonete colorado con cascabelillos rustidos y con cascos de jumento que no llevaban más calzado que roña y miasmas. Hasta piafaba como rucio y parecíase reír de mí mientras me señalaba con un dedo engarfiado y corrupto de uñas como de jara socarrada.

Asombrado estaba yo cuando por fin hube de reunir los redaños de preguntarle si venía a llevarme al infierno el muy hideperro, queriéndole echar de allí con insultos a boca de jarro y jurándole que a hombre de armada como yo era no había quebrantos que lo asustaran.

Mas aquel engendro no respondió a mis improperios, y quedose allí parado diciéndome que sabía de mis penurias y conocía las cuentas de la solución que deseaba. Lo que pareciome cháchara de goliardo invertido pretendiendo engañifar a infante descuidado.

Y, aun sabiéndolo yo como lo sabía, su labia me convenció de que podría tener el oro del moro si para mí lo quisiera. Pues, díjome el malhadado que, si andaba yo con la atención pendiente, llegaría el día en que tendría en mis manos la novela que siempre quiso escribir hombre de letras cualquiera y que tendriala en su día si asinaba el trato que me ofrecía el bellaco.

Confiésolo, púdome entonces la avaricia y, sin saber si era verdad o mentira, firme el título que me tendía con la sangre fresca, que aun la tenía, de una herida mía en el calcañal, propia del roce de un corval de las abarcas que calzaba en aquel encierro. Y, cuando quise poner punto en la rúbrica, tal como vino marchó el malhadado, sin darme oportunidad de arrepentimiento o pena.

Los años pasaron sin nuevas del demonio aquel y, con la divina intervención del trinitario Juan Gil y su rescate de seiscientos ducados, hube de regresar a España. Nada más sucedió. E incluso queriendo ser lo que todavía no era, pensando yo que fuera el saitán de Argel pesadilla y no verdad, escribí de Galatea como ahora escribo de Persiles y Sigismunda, mas no hubo más triunfo que penar por Sevilla y terminar de nuevo en la cárcel por asuntos de cuentas y desmentidos.

Y cuando ya casi olvidara lo que dejara dicho aquel bafomé de ojos pretos encontré en la Alcaná de Toledo a un muchacho que quiso venderle unos cartapacios y papeles viejos a un especiero. Destos yo reconocí las letras arábigas por parecer cagarrutas de paloma y, no sabiéndolos leer, busqué algún morisco aljamiado que me los tradujese, resultando ser «Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo».

Así, con ellos escribí lo que hube de escribir, y bien siendo cierto que, por miedo al trato con el engendro, incluso reconocí no ser yo el autor sino el morisco, como deje dicho en las primeras páginas. La verdad es que la condición que había esperado se cumplió y la fortuna pasome por el lado, vendiendo los pliegos a tanto como doscientos y noventa maravedíes y medio. Cumpliéndose así el maldito trato y cobrándose así mi rúbrica, tal y como dijere el desgraciado bellaco.

Y ahora, que siento que muero, quiero quede en estas letras la verdad de lo acontecido. Que lo conseguido en el arte no significó mi dicha ni aumento de mis dineros, y que el diablo me estafó y engañó con artimañas y mentiras. Tanto es así que supongo recibirame entre risas, cumplidas sus burlas y mofas, habiéndome hecho de fama aun siendo pobre y habiéndome hecho escritor aun siendo manco. Siendo yo presa suya de escarnio, bufa y desengaño. Dicho queda.

Y con esto Dios te dé salud, y a mí no olvide. Sea, especialmente que a mí no olvide y perdóneseme la traición y el pecado. Vale.

Firmado: Miguel de Cervantes y Saavedra»

 

Franciso Narla

Escritor y piloto de línea aérea (España). Su primera novela,Los lobos del centeno, calificada como obra de culto, pronto se traducirá a varios idiomas. Comparado con maestros como  Stephen King, su segunda novela, Caja Negra, recién publicada, está siendo todo un éxito.www.francisconarla.com

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